Bety camacho coparmex

Hace historia en Coparmex Puebla

Una mujer profundamente conocedora y promotora de los valores fundamentales de Coparmex: la defensa del libre mercado y la responsabilidad social. Por Pablo Latapí.

En un soleado día de primavera, en el corazón de la ciudad de Puebla, tuvimos la oportunidad de entrevistar a una mujer extraordinaria que está reescribiendo la historia empresarial del estado de Puebla. Bety Camacho, actual presidenta de Coparmex Puebla, nos recibe en sus oficinas con una sonrisa cálida y un entusiasmo contagioso que reflejan su carácter emprendedor y su convicción por transformar el panorama empresarial poblano.

Una trayectoria forjada desde las raíces

El camino de Bety hacia la presidencia de Coparmex comenzó hace más de tres décadas, cuando siendo una estudiante de 20 años en la Escuela Libre de Derecho ingresó a la organización como asistente jurídica para costear sus estudios. Lo que comenzó como un trabajo para pagar la universidad se convirtió en el inicio de una pasión por el mundo empresarial que marcó su destino.

Aquella joven que entró a Coparmex con la firme convicción de convertirse en una abogada corporativa litigante tomó un giro inesperado en su vida profesional. “Cuando llegué acá, tenía la firme convicción de litigar, pero salí convencida de no hacerlo, y menos aún dedicarme al derecho penal”, explica. La razón fue contundente: descubrió que la empresa es una verdadera plataforma de desarrollo económico y social para el país.

De abogada a empresaria restaurantera

El espíritu emprendedor de Bety la llevó a incursionar en el mundo de la gastronomía, donde ha logrado forjar un notable grupo empresarial. “Me convertí en restaurantera, y sigo siéndolo; también tengo una planta procesadora de carne de res”, explica con orgullo.

Su visión de negocio la impulsó a integrar verticalmente sus operaciones. Al abrir restaurantes de espadas brasileñas, comprendió la importancia de garantizar la calidad de sus insumos, por lo que decidió adentrarse en el complejo mundo de la cadena de frío y el manejo de la carne. “Me vi con la obligación de entrarle al manejo de la cadena de frío. El manejo de la carne no es nada sencillo, pero para garantizar la calidad me convertí en distribuidora de carne primero”, relata.

La expansión de sus emprendimientos no se detuvo ahí. “Después abrí una empresa de banquetes, porque eso te lleva a servir alimentos en todos los escenarios. Y nos convertimos también en banqueteros”, añade, demostrando su capacidad para detectar oportunidades de mercado y crear soluciones integrales.

Un camino paralelo con el mundo empresarial organizado

A lo largo de su carrera como empresaria, Bety nunca se desvinculó de las organizaciones empresariales. “Durante todo esto siempre caminé al lado de un organismo empresarial”, enfatiza. Participó activamente en la Cámara de Comercio, donde fue vicepresidenta de Desarrollo Empresarial y se convirtió en la primera presidenta de una Comisión de Mujeres en ese organismo.

Sin embargo, su evolución personal la ha llevado a replantear su visión sobre la participación femenina en los organismos empresariales. “Hoy estoy negada a que existan organismos solo de mujeres. Me pregunto por qué se dividen, por qué se separan. Si estamos buscando esta igualdad de hombres y mujeres, este complemento, y estamos diciendo que nos complementamos unos con otras, ¿por qué te vuelves a dividir?”, cuestiona.

Después de su paso por la Cámara de Comercio, regresó a Coparmex como consejera; posteriormente fue vicepresidenta y consejera nacional durante cuatro años. “Tuve la gran fortuna de ser consejera nacional de Pepe Medina Mora, que para mí ha sido uno de los mejores empresarios que ha tenido Coparmex”, afirma con admiración.

Rompiendo el techo de cristal

La llegada de Bety a la presidencia de Coparmex Puebla marca un hito: es la primera mujer en ocupar este cargo en los más de noventa años de existencia del organismo en el estado. Es un logro especialmente significativo en una entidad caracterizada por su tradición conservadora.

“Me dijeron que podía ser presidenta y sería la primera mujer, después de más de noventa años en Puebla, en un estado donde predomina una política conservadora, con familias muy arraigadas, muy tradicionalistas… y, por supuesto, con una cultura machista significativa y totalmente limitante para la mujer”, reflexiona Bety sobre el significado de su designación.

Su nombramiento coincide con un momento crucial para México: la transición del gobierno de López Obrador a la administración de Claudia Sheinbaum, la primera presidenta del país. “Llegué exactamente a la coyuntura en ese instante”, señala, consciente del simbolismo y la responsabilidad que conlleva su posición en este contexto histórico.

Una visión complementaria entre hombres y mujeres

Para Bety, uno de los mayores desafíos en el ámbito empresarial radica en la comprensión de las diferentes formas de pensar entre hombres y mujeres. Desde su perspectiva, no se trata de competir, sino de complementarse y aprovechar las fortalezas de cada género.

“El hombre no alcanza a conocer cómo piensa una mujer en la vida económica. No conoce su punto de vista en su participación en la vida económica. No la conoce, no la comprende, y si la conociera, no la aceptaría”, expone con franqueza.

La diferencia fundamental, según Bety, está en la visión temporal y estratégica: “Un hombre, cuando juega un partido de futbol, piensa en ese momento en cómo ganar el partido. Una mujer que está jugando un partido de futbol no nada más piensa en cómo ganar en ese momento; la mujer piensa en cómo fortalecer al equipo para ganar la temporada completa”.

Esta metáfora deportiva ilustra perfectamente su visión sobre el complemento necesario entre los géneros: mientras los hombres son más resolutivos en el corto plazo, las mujeres tienden a analizar escenarios de alcance más largo. “La mujer sí entiende esta forma de pensar del hombre, que es a corto plazo, resolutivo, inmediato. La mujer lo entiende, tan lo entiende que le pregunta cuando hay situaciones que resolver. La mujer hace todo un análisis a largo plazo pero, al final, pregunta al hombre qué opina y él lo resuelve en segundos”, explica.

Sin embargo, lamenta que esta comprensión no sea recíproca: “El hombre no entiende la forma de pensamiento de la mujer”, afirma, señalando uno de los principales obstáculos para la integración plena de las mujeres en puestos de decisión empresarial.

La responsabilidad social como pilar empresarial

Para Bety, asumir la presidencia de Coparmex implica una responsabilidad enorme, no solo por representar al sector productivo que genera la riqueza y la economía estatal y nacional, sino por impulsar un nuevo modelo empresarial que equilibre la defensa del libre mercado con el compromiso social.

“Es una responsabilidad muy grande porque, en primer lugar, es representar al sector productivo, de donde surge la riqueza para impulsar la economía estatal e incluso la nacional. Imagínate la responsabilidad que implica”, reflexiona.

Bety reconoce que, históricamente, el sector empresarial se había enfocado en defender la economía de libre mercado, descuidando en cierta medida el desarrollo social. “Nos habíamos despegado del enfoque del desarrollo social, el desarrollo de la persona. Como resultado, se generó la brecha, la desigualdad que hoy estamos viviendo”, admite con honestidad.

Su visión renovada del papel empresarial propone integrar ambas dimensiones: “Debemos tomar gran parte de la responsabilidad como empresarios y cambiar la política económica, o mejor dicho, agregar a nuestra política económica el desarrollo social”.

Liderazgo con valores y principios

Más allá de su trayectoria empresarial, lo que define el liderazgo de Bety Camacho es su profunda convicción en los valores y principios que han caracterizado a Coparmex a lo largo de su historia: la defensa del libre mercado y la promoción de la responsabilidad social.

“Si tienes muy claro lo que es Coparmex desde su raíz, sabes muy bien a qué vas. Coparmex, en primer lugar, defiende principios y valores, por eso se ha mantenido en el tiempo”, afirma con orgullo sobre la organización que en Puebla ya cumplió 90 años y que, en sus palabras, “tendrá 90 años más”.

La clave de esta permanencia, según Bety, radica precisamente en que la organización “no defiende intereses particulares, no defiende solamente intereses de un giro”. Al ser un sindicato patronal regido por la Ley Federal del Trabajo, Coparmex busca “un equilibrio, en primer lugar, entre patrones y trabajadores, entre toda esta clase obrera y toda esta clase patronal”.

El propósito final, enfatiza Bety, es siempre “el bien común”, un valor universal que trasciende ciclos políticos y coyunturas específicas. “No inventamos cada tres años o cada seis años. Tenemos estatutos que tienen años funcionando”, subraya, dejando claro que su gestión se guía por principios sólidos y de largo plazo.

El balance entre la vida empresarial y la familiar

Una de las características más inspiradoras del liderazgo de Bety es su capacidad para integrar su rol como presidenta de Coparmex con su papel como madre de familia. A diferencia de la compartimentación que a menudo se impone en el mundo empresarial, ella rechaza la idea de dividir estas facetas de su vida.

“La mujer no divide. No divide a la mujer de la presidenta y la empresaria, porque somos mamás, y jamás vas a dejar a tus hijos”, sostiene con firmeza. Para ella, la participación de las mujeres en la vida empresarial y en el liderazgo de organismos no implica abandono familiar, todo lo contrario: “Necesitamos participar de manera activa en el cambio. Y sabemos que el cambio no va a estar en casa esperando en casa. Debemos salir a incidir en el cambio precisamente por nuestros hijos”.

Su estrategia para conciliar estas responsabilidades se basa en la priorización y en una gestión inteligente del tiempo. “La división se hace en tus tiempos. Por ejemplo, cuando voy a salir o tengo una reunión, jamás lo hago en comida, porque como con mis hijos en mi casa”, explica. Y añade con determinación: “Puedo tener una junta de las más importantes. Pero si es la hora de la salida de la escuela de mi hijo, digo: ‘Ya me voy, tengo que recoger a mi hijo en la escuela’”.

Un legado en construcción

El liderazgo de Bety Camacho en Coparmex Puebla representa mucho más que un hito por ser la primera mujer en ocupar este cargo. Simboliza la evolución de una organización empresarial centenaria que, sin renunciar a sus principios fundamentales, se adapta a los nuevos tiempos, incorporando la visión estratégica y el enfoque integral que caracteriza al liderazgo femenino.

Su trayectoria profesional, desde aquella joven estudiante de Derecho que trabajaba para pagar sus estudios hasta convertirse en una destacada empresaria restaurantera y hoy presidenta de uno de los organismos empresariales más importantes del estado, es testimonio de perseverancia, visión y compromiso.

El mensaje que Bety Camacho transmite con su ejemplo trasciende el ámbito empresarial: nos recuerda que el verdadero progreso económico debe ir acompañado de desarrollo social; que hombres y mujeres pueden y deben complementarse en los espacios de decisión, y que es posible ejercer un liderazgo efectivo sin renunciar a las responsabilidades familiares.

En un momento crucial para México, cuando se requieren nuevos enfoques para enfrentar retos complejos, la visión de Bety Camacho sobre un empresariado socialmente responsable, inclusivo y orientado al bien común ofrece un camino prometedor. Un camino en el que, como ella misma ejemplifica, el liderazgo femenino no es solo cuestión de equidad, sino una necesidad estratégica para construir un futuro más próspero y equilibrado para todos.

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