La rectora de la BUAP comparte su trayectoria, su compromiso con las mujeres y su visión de una universidad que contribuya al desarrollo de Puebla.
Por Vicky Fuentes
Al conversar con Lilia Cedillo, me interesa conocer cómo conviven la científica, la profesora y la mujer que encabeza la BUAP. Sus respuestas me acercan a un liderazgo construido desde la preparación, la perseverancia y el cariño por la comunidad universitaria. «Nunca pasó por mi mente ser rectora de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla», comparte. Egresada de la Preparatoria Benito Juárez García, estudió en la Facultad de Ciencias Químicas y comenzó su vida laboral como auxiliar de investigación.
Después obtuvo la maestría y el doctorado en Microbiología en el Instituto Politécnico Nacional. Viajaba diariamente a la Ciudad de México para estudiar y cumplir, al mismo tiempo, con su jornada laboral en Puebla. Su experiencia reúne más de cuatro décadas como docente e investigadora y distintas responsabilidades directivas. «Conozco a la BUAP como la conoce y la vive una estudiante, una maestra, una investigadora y una funcionaria», afirma.
Abrir caminos para otras mujeres
Le pregunto por el significado de ser la primera rectora de la BUAP. Antes también fue la primera directora electa del Instituto de Ciencias y la primera vicerrectora de Extensión y Difusión de la Cultura. Reconoce que su trayectoria ha motivado a jóvenes a perseguir sus aspiraciones, aunque avanzar implicó enfrentar exigencias desiguales: «Se nos observa más, se nos cuestiona más, se nos exige más y se nos perdona menos».

Sus palabras me llevan a pensar en la responsabilidad de acompañar a quienes vienen detrás. Para ella, las mujeres en posiciones importantes deben apoyar, motivar y proteger a otras, además de comprender sus circunstancias familiares.
Explica que la igualdad de oportunidades y una cultura de paz son fundamentales en la Universidad. Su compromiso incluye a estudiantes, investigadoras y trabajadoras administrativas. También reconoce pendientes: «Nos falta todavía mucho por hacer».
Decidir con responsabilidad
Cuando hablamos de decisiones difíciles, admite que al principio le costaba ser asertiva. Hoy considera distintos escenarios y evalúa las consecuencias antes de resolver. «Nunca tomo decisiones cuando estoy enojada», asegura.

Su formación científica le permite observar, escuchar opiniones y valorar objetivamente. Al mismo tiempo, procura no perjudicar a las personas y asume la responsabilidad de sus actos. Una imagen familiar aporta calidez a su explicación: «Mis genes Cedillo me hacen ser un pan de dulce, pero mis genes Ramírez me hacen ser firme». Encuentro en esa frase una manera cercana de expresar cómo combina afecto y autoridad. Ella resume sus distintas responsabilidades así: «Pienso y actúo como mamá, maestra y rectora».
Conocimiento para el desarrollo
En materia económica, plantea que la universidad pública debe contribuir al desarrollo de la sociedad. Menciona cinco complejos regionales con incidencia en 31 municipios y la formación en ingenierías en CU2. También destaca las microcredenciales y la educación continua para fortalecer las capacidades profesionales. Sobre la vinculación empresarial, propone adecuar los programas de estudio a las necesidades productivas, involucrar a esos sectores y fomentar la transferencia tecnológica.

Su visión vincula la formación académica con las necesidades de Puebla y sus regiones. Me interesa esa relación, porque conecta el conocimiento con las oportunidades profesionales. La rectora señala la investigación aplicada y las nuevas tecnologías como fortalezas que la BUAP puede ofrecer.
Al preguntarle cómo desea ser recordada, vuelve al afecto por su institución: «Como la mamá, maestra y rectora que amó a su universidad». Me quedo con un liderazgo que une preparación y responsabilidad, y que encuentra en las personas su principal razón para trabajar.


