Liderar sin dejar de ser una misma
Lleva doce años en Audi México, en una industria en plena transformación, y con una convicción que atraviesa toda su trayectoria: el liderazgo del futuro tendrá que ser competitivo, sí, pero también profundamente humano. Sahie Gazal habla sobre el poder, la industria, las mujeres, la familia, la transformación y el México que se construye desde Puebla.
Algunas trayectorias profesionales pueden explicarse observando los cargos. Otras se entienden mejor a través de las decisiones. La de Sahie Gazal, directora de Liderazgo, Cultura y Asuntos Públicos de Audi México, pertenece sin duda a la segunda categoría.
Cuando llegó a la compañía automotriz, hace doce años, venía de un mundo distinto. Audi comenzaba a escribir en Puebla uno de los capítulos más importantes de su historia como industria, y ella llegó con curiosidad, hambre de aprendizaje y la posibilidad extraordinaria de construir prácticamente desde el inicio.
Hoy ocupa una posición en la que convergen asuntos públicos, cultura corporativa, liderazgo, diversidad y relaciones institucionales. Pero cuando le pregunto quién era aquella mujer que llegó hace doce años y quién es la que está sentada hoy frente a mí, su respuesta remite de inmediato al origen: «Llegué con muchísima ilusión por conocer este mundo. Venía de otro sector, y todo era nuevo para mí. Tenía ganas de aprender, pero sobre todo de descubrir qué podía construir junto con los demás».
Formar parte de un proyecto desde sus primeros años deja una huella particular. «Arrancar un proyecto siempre te marca. Ser parte de quienes iniciaron te da también la posibilidad de ir dejando tu propia huella.» Aprender y también desaprender. Trabajar en una compañía alemana implicó mucho más que entender los procesos industriales, también exigió desaprender.
Antes de Audi, había trabajado en el sector gubernamental, un espacio donde, recuerda, los discursos amplios, los contextos extensos y la capacidad de persuadir formaban parte habitual de la comunicación. En Audi encontró otra lógica: precisión, síntesis, datos, claridad. «Tuve que aprender quién era mi público. Con mis compañeros, colegas o jefes, la comunicación es una; cuando construyes relaciones institucionales, es otra. Esa dualidad fue una parte muy importante de mi adaptación.»
Y aquí aparece una de las claves de su trayectoria: entender antes de intentar influir. En una industria acostumbrada a medir todo en tiempos, productividad y resultados, Sahie aprendió que las relaciones humanas también requieren ingeniería: escuchar, interpretar, encontrar puntos de coincidencia y construir acuerdos.
Cuando le pregunto cuál considera hoy su mayor fortaleza para tomar decisiones en escenarios donde convergen intereses empresariales, gubernamentales, laborales y sociales, no duda demasiado: «Escuchar». Parece una palabra sencilla. No lo es. «Para tomar buenas decisiones hay que escuchar a las diferentes partes. Hay que dar contexto, información y muchas veces ayudar a que otras personas puedan tomar la decisión correcta.»
En su trabajo interactúa con diferentes niveles de gobierno, asociaciones empresariales, organismos del sector automovilístico, comunidades y estructuras corporativas. El punto de encuentro, asegura, aparece cuando se logra identificar aquello que todos comparten. «Al final, todos queremos salir adelante: como estado, como país, como empresa y como sociedad. Y eso solamente puede construirse actuando juntos.»
Firmeza sin perder humanidad
Una pregunta es inevitable cuando una mujer ha crecido en una de las industrias históricamente más masculinizadas. ¿Puede una mujer ser altamente competitiva, tomar decisiones complejas y moverse en ambientes duros sin sacrificar la cercanía, sensibilidad o calidez? Sahie sonríe antes de responder: «Nunca he dejado de ser yo». Se define alegre, cercana y profundamente interesada en construir relaciones positivas. Pero advierte sobre un error frecuente. «Ser firme no significa ser ruda.» Para ella, firmeza y empatía no se contradicen. Tampoco liderazgo y sensibilidad. «Puedes encontrar las palabras correctas, tomar decisiones firmes y mantener la humanidad.»
En ese punto de la conversación aparece probablemente la definición que mejor resume su visión profesional: el mundo necesita líderes humanos. Líderes capaces de tomar decisiones difíciles, pero también de comprender que detrás de muchos indicadores existen personas, familias e historias. «El liderazgo tiene que inspirar. Tiene que ayudar a llevar a las personas hacia donde necesitamos avanzar.»
“Ser firme no significa ser ruda.”
La industria cambia más rápido que nosotros
Hablar hoy de la industria automotriz significa hablar de electrificación, inteligencia artificial, automatización, cadenas globales de suministro, tensiones comerciales, nuevas tecnologías y mercados que cambian a una velocidad vertiginosa. Los liderazgos también deberán cambiar. «Hoy, la industria se transforma a una velocidad que a veces nuestra mente ni siquiera alcanza», reconoce. Y utiliza una imagen automovilística para describirlo: «Las tecnologías nos están rebasando por la derecha». La única alternativa es aprender más rápido. Adaptarse, transformarse, mantener la mente abierta. «La resistencia al cambio es uno de los mayores obstáculos que tenemos frente a nosotros. Si no nos adaptamos, nos quedamos atrás.»
Pero incluso en un entorno dominado por algoritmos, automatización y tecnología, vuelve a colocar al ser humano en el centro. «Seguimos necesitando personas capaces de tomar decisiones complejas y difíciles, pero que mantengan el interés en las personas. Muchas decisiones terminan impactando directamente en familias y vidas.» Tecnología y humanidad. Competitividad y sensibilidad. Para Sahie, el liderazgo del futuro deberá aprender a vivir en esos dos mundos simultáneamente.
México visto desde afuera
Sahie estudió Relaciones Internacionales, y conserva una enorme pasión por observar el comportamiento político y económico del mundo. Viaja, participa en organismos empresariales, y forma parte del consejo de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz. Por eso le pregunto algo que para Puebla resulta especialmente importante: ¿cómo se observa desde otras partes del mundo al talento mexicano? Su respuesta es contundente: «A veces digo que mi trabajo es ser embajadora de México». Habla de la especialización, capacidad técnica y calidad de los trabajadores mexicanos. «Creo muchísimo en los mexicanos. Creo en la calidad que sale de este país y en nuestra capacidad.»
México, sostiene, ha enfrentado históricamente escenarios complejos y ha aprendido a adaptarse. Pero hacia adelante será indispensable fortalecer algo más: la colaboración entre el gobierno, las empresas y la sociedad. «Cada vez necesitamos más una gobernanza donde participemos todos.» Y entonces lanza una frase que resume su visión del país: «Los mexicanos somos pasión, somos calidad y somos lucha». Es una ventaja competitiva intangible, pero poderosa.
Cuando una mujer llega, la responsabilidad apenas comienza
La conversación inevitablemente regresa a las mujeres. Hace doce años, Sahie recuerda una industria donde la presencia femenina en posiciones importantes era mucho menor. Con los años comenzó a observar algo distinto. Durante la pandemia, en reuniones de cámaras y organismos del ramo automotor, descubrió que alrededor de la mesa había cada vez más mujeres. Mujeres influyendo en decisiones, en políticas públicas; en asuntos económicos, laborales y sociales. Había ocurrido algo. Pero también había surgido una nueva responsabilidad. «No solamente hay que llegar. Hay que mantener esos espacios.» ¿Y cómo se mantienen? «Dejando huella en quienes vienen atrás.»
Para Sahie, la representación tiene una consecuencia poderosa: permite imaginar posibilidades. «Una niña no creerá que pueda llegar a ciertos lugares si nunca ve a una mujer ocupándolos.» Por eso defiende la visibilidad. Pero también reconoce que existe un segundo desafío. Los espacios pueden existir y aun así permanecer vacíos. «Muchas veces descubrimos que los lugares estaban ahí, pero las mujeres no los ocupaban porque no se sentían capaces o porque no se atrevían.» Ahí aparece otra misión: decirles que sí pueden; acercarse a universidades, escuelas y comunidades; mostrar que hay espacios para mujeres en ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas y manufactura. «Hay lugar para nosotras en la industria. Cabemos todas.» No es únicamente una batalla empresarial, también es cultural.
“Cuando una mujer llega, la responsabilidad apenas comienza.”
Liderar y ser mamá
Antes de terminar la entrevista, quiero llevar la conversación a un terreno donde los discursos corporativos suelen quedarse cortos: la vida real. Sahie es ejecutiva, esposa y madre. Viaja, tiene responsabilidades empresariales, participa en organismos nacionales. Y al mismo tiempo existe la casa, la familia, los hijos, las enfermedades inesperadas y esa agenda imposible que cualquier madre trabajadora conoce perfectamente. Le pregunto por el famoso equilibrio. Se ríe. «El equilibrio no existe.» Existe algo mucho más realista: la necesidad de construirlo a diario. «Puedes planear toda tu semana, pero si tu hijo se enferma, todo cambia. Si aparece una situación importante en el trabajo, también cambia.»
Su historia contiene incluso una decisión que marcó su vida profesional. Durante uno de sus embarazos de alto riesgo, llegó un momento crucial de crecimiento dentro de su carrera. Tuvo que elegir. «Mi decisión fue clarísima: me quedé en casa. Quería que mis hijos nacieran bien.» No lo cuenta desde el arrepentimiento, lo cuenta desde la conciencia de que muchas mujeres enfrentan decisiones parecidas durante su trayectoria. Después vienen otras, y otras. «Hay días cuando siento que soy la mejor mamá y la mejor profesionista. Y hay otros cuando siento que soy un fracaso.» La frase resulta extraordinariamente honesta. Y profundamente universal.
“El equilibrio no existe, se construye todos los días.”
Pero Sahie también habla de algo que considera indispensable para cualquier mujer que quiere desarrollar una carrera profesional: las redes de apoyo: amigas, familia, colegas, otras mujeres. «Las mujeres tenemos un gran don para agruparnos. Juntas somos más fuertes.» Su objetivo no es solamente tener una carrera. También quiere que sus hijos observen algo. «Ser mamá puede ser mi mayor pasión, pero también quiero mostrarles que existen otros amores: el amor por uno mismo, por lo que haces y por tu carrera.»
Cinco años hacia adelante
Antes de despedirnos, le propongo un último ejercicio: imaginar el futuro. ¿Dónde se ve Sahie Gazal dentro de cinco años? No responde con un puesto. Responde con una misión: «Me veo en un lugar desde donde pueda seguir influyendo en las mujeres, dando visibilidad a lo que hacemos y ayudando a construir nuevos liderazgos». También quiere participar en la enorme transformación que está viviendo la industria. «En cinco años van a pasar muchísimas cosas, porque todo avanza muy rápido. Yo quiero estar ahí. Quiero presenciar esa transformación y ser parte de ella.» Quizá esa frase explique mejor su trayectoria que cualquier currículum. Porque Sahie Gazal no parece obsesionada con llegar a un destino. Está interesada en participar en la transformación: de la industria, de las organizaciones, del liderazgo. Y también de las oportunidades para las mujeres que vienen detrás. En una planta donde a diario se ensamblan vehículos con precisión milimétrica, ella trabaja con otra clase de ingeniería: la de construir cultura. La de acercar personas. La de abrir espacios. La de demostrar que la competitividad no está peleada con la empatía, y que una mujer puede ocupar una mesa de decisiones sin renunciar a su propia personalidad.
Doce años después, Sahie sigue aprendiendo. Pero ahora también hay otras mujeres aprendiendo al verla. Y quizá esa sea una de las formas más poderosas de liderazgo. Sahie Gazal aparece en la portada del número 31 de LíderIN. Ella representa a una nueva generación de liderazgo industrial: preparada para competir, dispuesta a transformarse y decidida a no dejar a nadie atrás.