¿Cómo afecta el oro a la geopolítica internacional?
Durante décadas, hablar de oro parecía remitir a otra época: Bretton Woods, bóvedas de bancos centrales o inversionistas buscando refugio frente a las crisis. Sin embargo, el oro regresó al centro de la política internacional. No porque el mundo esté abandonando de inmediato al dólar, sino porque gobiernos y bancos centrales vuelven a preguntarse qué activos ofrecen seguridad cuando la economía se mezcla con la rivalidad estratégica.
En trabajos recientes he insistido en que el poder ya no se mide solo por territorio, capacidad militar o tamaño del PIB. También depende del control de rutas, cadenas productivas, tecnología, financiamiento, sistemas de pago, energía y materias primas estratégicas. El oro forma parte de esa lógica. Es un activo financiero, pero también una reserva de confianza que no depende de la promesa de pago de otro Estado.
Los datos muestran el cambio. El Banco Central Europeo reportó que, al cierre de 2025 y valuado a precios de mercado, el oro representaba alrededor de 27% de las reservas oficiales globales, por encima del euro y del valor de los bonos del Tesoro de Estados Unidos mantenidos como reservas. Esto no significa que haya desplazado al dólar: la moneda estadounidense aún concentra cerca de 57% de las reservas de divisas. Parte de ese avance se explica por su precio, pero la señal política es difícil de ignorar.
También ha cambiado quién compra. Entre 2022 y 2024 los bancos centrales adquirieron más de mil toneladas anuales, cerca del doble del promedio de la década previa. En 2025 el ritmo bajó, pero siguió por encima de los niveles históricos. Durante el primer semestre de 2026, las compras netas alcanzaron unas 345 toneladas y destacaron Polonia, China, Uzbekistán y Kazajistán. En una encuesta del World Gold Council, 89% de los bancos centrales consultados esperaban que las reservas mundiales de oro aumentaran en los siguientes doce meses, y 45% anticipaban elevar sus propias tenencias.

¿Por qué ocurre? Una razón es conocida: el oro diversifica frente a la inflación, la volatilidad financiera o la depreciación monetaria. Pero existe otra, claramente geopolítica. Después del congelamiento de una parte de las reservas internacionales de Rusia tras la invasión de Ucrania, muchos gobiernos entendieron que los activos depositados en monedas, bonos o jurisdicciones extranjeras pueden quedar expuestos a decisiones políticas. Un estudio del FMI encontró una asociación entre las sanciones financieras y un aumento de la proporción de oro en las reservas de los bancos centrales. El oro físico, sobre todo si se custodia dentro del propio país, no es el pasivo de otro gobierno y resulta más difícil de inmovilizar desde el exterior.
Por ello, las compras de China suelen interpretarse como parte de una estrategia para reducir vulnerabilidades frente al sistema financiero dominado por Occidente. El BCE calcula que, desde 2022 y hasta el cierre de 2025, China había adquirido más de 350 toneladas. No se trata de anunciar el fin del dólar ni de asumir que los BRICS crearán de inmediato una moneda respaldada en oro. El dólar conserva una profundidad financiera y una capacidad transaccional que el oro no puede sustituir. Lo que sí ocurre es una diversificación gradual de riesgos: más oro, más operaciones en monedas locales, nuevos sistemas de pagos y mayor autonomía financiera.
El oro tiene, además, una geopolítica de producción. De acuerdo con el USGS, la producción minera mundial fue de unas 3300 toneladas en 2025. China, Rusia, Australia, Canadá y Estados Unidos encabezaron la lista. México ocupó un lugar relevante, con una producción estimada de 140 toneladas y reservas geológicas cercanas a 1400 toneladas. Esto importa, porque nuestro país suele observar el oro principalmente como actividad minera, cuando debería analizarlo también desde la seguridad económica, las cadenas de valor, la inversión y la administración de reservas.
México posee además una base financiera significativa. El Banco de México reportó reservas internacionales superiores a 258 mil millones de dólares al cierre de agosto de 2026, mientras que el componente en oro de sus activos de reserva se valuaba en alrededor de 15.5 mil millones de dólares en julio. La pregunta estratégica no es si México debe «apostar» por el oro, sino cómo integrarlo en una estrategia más amplia de resiliencia. En un entorno de sanciones, guerras comerciales, fragmentación financiera y tensiones sobre energía y minerales, la diversificación deja de ser únicamente una decisión de portafolio: se convierte en una dimensión del poder nacional.

Para las empresas ocurre algo semejante. El precio del oro reacciona a expectativas sobre tasas de interés, dólar, inflación y riesgo geopolítico. Pero detrás de la cotización existe una transformación más profunda. Cuando los bancos centrales compran oro, diversifican el lugar donde lo custodian o los países sancionados reorganizan sus flujos comerciales, envían información sobre la confianza en el orden internacional.
El oro no sustituirá mañana al dólar, pero sí funciona como termómetro de la incertidumbre y, cada vez más, como instrumento de autonomía. Su retorno a las bóvedas de los bancos centrales expresa una realidad que también observamos en semiconductores, energía, minerales críticos y cadenas de suministro: la economía mundial se está securitizando. En ese proceso, activos antes considerados puramente financieros adquieren valor estratégico. Entender el oro hoy es entender una parte de la nueva geopolítica internacional.
Semblanza del autor
Adolfo Alberto Laborde Carranco es doctor en Ciencias Políticas y Sociales, con orientación en Relaciones Internacionales, por la UNAM. Es Profesor Investigador Titular «C» del CIDE y director del CIDE APEC Center. Se desempeña también como investigador asociado de UNU-CRIS, profesor de la UNAM y de la Universidad Anáhuac, y es miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, Nivel I. Sus líneas de trabajo abarcan la geopolítica y geoeconomía de Asia-Pacífico, cooperación y políticas de desarrollo, comercio internacional, seguridad económica, política industrial y las relaciones de México con Asia. Es columnista de El Heraldo de México y autor de libros y artículos académicos sobre Japón, China, APEC y desarrollo.
Fuentes seleccionadas
- Banco Central Europeo (2026). The international role of the euro, June 2026. Análisis sobre composición de reservas internacionales y demanda de oro de bancos centrales.
- Arslanalp, S.; Eichengreen, B.; Simpson-Bell, C. (2023). Gold as International Reserves: A Barbarous Relic No More? IMF Working Paper.
- World Gold Council (2026). Gold Demand Trends, Q2 2026; 2026 Central Bank Gold Reserves Survey.
- U.S. Geological Survey (2026). Mineral Commodity Summaries 2026: Gold.
- Banco de México (2026). Sistema de Información Económica: activos de reserva y reserva internacional, datos a julio-agosto de 2026.


