Don Aurelio no es un empresario tradicional. Su nombre está vinculado con una historia empresarial emblemática de México: la de Calzado Canadá, firma que fundó su padre y llegó a ser símbolo de innovación industrial en América Latina. Sin embargo, lejos de quedarse en la sombra de ese legado, Aurelio diversificó su camino: además de liderar varios organismos empresariales, se ha desempeñado en sectores tan variados como el comercio exterior, la radiodifusión, la televisión, el turismo y, más recientemente, como presidente del Consejo Regulador del Tequila (CRT). Su trayectoria es un testimonio de perseverancia, aprendizaje práctico y compromiso con el país.
Es heredero de Salvador López Chávez, empresario cuya fama trascendió fronteras cuando su firma, Calzado Canadá, se convirtió en empresa insignia de Latinoamérica en la década de 1970. Aurelio entendió desde adolescente que, para tener privilegios, había que ganarlos. “Recuerdo que yo quería un equipo de música. Y entonces, mi papá me dijo: ‘¡Cómpralo, pero con tu dinero!’”. Esta enseñanza marcó el inicio de su formación laboral.
Aun siendo hijo de uno de los empresarios más importantes del país, tuvo poco tiempo para los estudios. Hoy su orgullo es que, sin importar la edad, recientemente concluyó la secundaria. “Me presenté a hacer exámenes y aprobé. Sigue la preparatoria, que me gustaría cursar en algún momento” señala sin perder el entusiasmo.
Zapatero de tradición
Creció y vivió entre hormas, cuero y maquinaria, porque su casa estaba en el mismo predio donde se ubicaba la fábrica familiar. Y ahí permaneció hasta que contrajo nupcias. A los 15 años ya había fundado su propia fábrica de zapatos, que operó por corto tiempo, pues el negocio familiar reclamó su presencia, obligándolo a dejar la secundaria inconclusa. “Me casé muy joven y hubo poco tiempo para los estudios”, admite.
Forjado en la práctica
Su verdadera formación tuvo lugar en la vida real, viajando a ferias internacionales en representación de la empresa, negociando con diseñadores en Vigevano (Italia) y Elche (España), y absorbiendo las últimas tendencias en el calzado. Compraba zapatos de todo el mundo para entender cómo se hacían y asimilar las novedades, recuerda. Esa visión temprana lo llevó a desarrollar productos innovadores cuando aún era un joven. A temprana edad, viajaba a Europa para visitar fábricas de maquinaria y diseñadores, gestionando prototipos e identificando tendencias globales. “Prácticamente me la pasaba viajando”, afirma.
La empresa que hizo historia
El llamado Jardín Industrial Calzado Canadá, inaugurado en 1971 en Guadalajara, marcó un hito en la industria zapatera en el país, y la familia de López Chávez mantuvo vivo el proyecto por más de dos décadas. Tras la muerte del fundador en 1976, junto a su hermana mayor, Sandra López Benavides, quien asumió la Dirección General, Aurelio López Rocha y sus hermanos Tomás y Lucía —quien ya falleció— se encargaron de manejarla en un entorno cada vez más adverso para la industria. En su apogeo, la empresa operó más de 230 tiendas, más de mil distribuidores exclusivos y empleó a más de 14 mil personas. Pero la apertura comercial de los años noventa y la devaluación de 1994 pusieron fin al gigante industrial.
Hoy, Aurelio López Rocha busca rescatar la memoria histórica. Está restaurando los zapatos más famosos de la firma, clasificando la biblioteca de su padre y recuperando datos curiosos, como su gusto por los autos de carreras, para exhibirlos al público.
El legado se transforma en liderazgo
La muerte de su padre fue un golpe fuerte para la empresa y para la familia. Sin embargo, Aurelio no se detuvo. A los 19 años era vicepresidente de la Cámara del Calzado de Jalisco y organizador de la primera gran exposición del ramo en México. Con los años, ese evento contribuyó a la creación de Expo Guadalajara.
Su incursión en organismos empresariales lo llevó a presidir la primera asociación de empresas exportadoras, que después se convirtió en el Consejo Mexicano de Comercio Exterior (Comce). Años más tarde fue presidente de la Cámara de Comercio de Guadalajara, y al mismo tiempo se dedicó a emprender, fundando varias empresas.
“Yo no me asumo como líder, pero entiendo qué se necesita para serlo. Se requiere, primero, claridad en el rumbo. Segundo, determinación para alcanzarlo. Tercero, la capacidad de inspirar. Nadie puede pedir compromiso a su equipo si no está dispuesto a dar el ejemplo. Un verdadero líder camina al frente con pasión, y contagia esa pasión a los demás.”
La riqueza del liderazgo
Si bien el trabajo en la dirigencia de los organismos empresariales era honorífico y sin remuneración, Aurelio demostró gran habilidad como líder de las cúpulas del sector privado de Jalisco. Indica que la retribución no siempre viene del dinero, porque el contacto con organismos gremiales le permitió conocer a empresarios destacados, de quienes aprendió mucho. Ellos le ayudaron a descubrir sus habilidades. “Viví experiencias muy enriquecedoras y de servicio a mi gremio, a la ciudad, al estado y al país. Creo que todos estamos obligados a dar”, afirma.
Visión empresarial y resiliencia
López Rocha ha sido parte de iniciativas tan diversas como compañías de comercio exterior, jugueterías, estaciones de radio y televisión. Uno de los proyectos más complejos fue su participación en el Guadalajara World Trade Center (GWTC), centro logístico de exportación e importación en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara.
Cuando se desempeñaba como servidor público, durante la administración del gobernador Emilio González Márquez, quien lo invitó a ocupar la Secretaría de Turismo de Jalisco, la empresa logística en la que fungía como socio fundador enfrentó una ruptura. Durante siete años, el proyecto estuvo envuelto en un litigio corporativo que culminó mediante un proceso de mediación en 2019, cuando Aurelio y sus socios afines adquirieron la totalidad de las acciones. “Fue una etapa crítica, por un asunto muy triste y penoso, que al final pudo resolverse.”
Fracasar también enseña
Para Aurelio, los errores no son caídas, sino parte del camino. “Si te equivocas y no vuelves a intentarlo, es como si no hubieras aprendido nada”. En su opinión, el fracaso puede tener tres causas: un mal plan, una mala ejecución o un cambio en el entorno. Y hay que saber hacer cambios a tiempo, indica.
Ha vivido las crisis económicas más duras del país: la nacionalización de la banca en 1982; la apertura de 1985, que impactó con fuerza en la industria del calzado; la devaluación de 1994; la crisis de la deuda, y el Fobaproa. “Hubo que cerrar negocios y enfocarse en hacer pocas cosas, y hacerlas mejor que antes”.
Considera que solo con estándares de clase mundial puede transformarse a México: “Sea como profesional, empresario o funcionario público, si queremos dejar el subdesarrollo hay que hacer las cosas con clase mundial”. Aunque reconoce los retos actuales, es optimista, pues considera que el pesimismo es estéril y no produce nada.
Turismo y tequila: embajadores del país
Hoy, desde la presidencia del CRT, López Rocha lidera una institución clave para la como producto, sino como emblema cultural y motor turístico. “El tequila es un patrimonio nacional. Su denominación de origen debe protegerse como lo han hecho otras regiones del mundo con productos icónicos, como el vino, el coñac o el champán.”
“Pero debemos seguir evolucionando. Competimos con rutas turísticas muy sólidas, como las del vino en California, Baja California, Rioja o Ribera del Duero. La Ruta del Tequila necesita seguir ofreciendo experiencias únicas”, sostiene.
Familia y propósito
Con más de 45 años de matrimonio, López Rocha reconoce que su familia ha sido el verdadero eje de su vida. Su esposa, sus hijos y nietos lo impulsan a seguir construyendo y aportando su experiencia, ahora desde el CRT.
Y aunque su nueva encomienda demandará tiempo que antes dedicaba a su familia, destaca que en su compromiso al frente del CRT buscará seguir construyendo, como lo han hecho sus cuatro antecesores. Con confianza y con gran amor por México, López Rocha concluye con una mirada crítica y optimista sobre el futuro. “Si no te gusta el país donde vives, tienes dos opciones: cambiar de país o cambiar al país. Yo prefiero cambiar al país.”